Las tragaperras se ‘enfrían’
15 agosto, 2009Victoria se reorganiza ante la inminente salida de William Hill
18 agosto, 2009El bote acumulado por el juego supera los 135 millones de euros, lo cual ha desatado una fiebre de apuestas. Hay incluso vuelos desde Alemania para probar suerte en Italia.
En un verano de crisis, soñar con ser millonario en la lotería anima a cualquiera que sienta doloridas sus finanzas. Así el delirio desatado por la lotería italiana seguirá hoy, y quién sabe hasta cuando, mientras los apostantes porfíen en su intento de acertar los seis números de un sorteo que, al cierre de esta edición, acumulaba un bote de 135,9 millones de euros. Se trata del premio acumulado más alto registrado en Europa, sólo superado por la lotería estadounidense Powerball, con botes de más de 200 millones de dólares.
La cosa funciona así en este juego llamado SuperEnalotto: hay que acertar una combinación de seis números entre el 1 y el 90 al precio de 50 céntimos por apuesta, pero es obligatorio hacer dos apuestas, así que jugar cuesta un euro. Hay también premios si se aciertan cinco, cuatro y tres cifras, pero sucede que desde el pasado 31 de enero nadie ha logrado hacerse con una combinación ganadora de seis números. Consecuencia: en seis meses y medio de ansia, el bote ha crecido muchísimo, los apostantes se han gastado más de 1.700 millones de euros, y la locura se ha extendido a países limítrofes. El premio está libre de impuestos.
Así, anteayer un grupo de 130 alemanes voló a Rímini, en la costa adriática, tras ganar un concurso telefónico del diario sensacionalista Bild,que les había traído a Italia a apostar para ayer lunes. El pasado jueves otro grupo de germanos, vencedores del mismo concurso, llegó en chárter a Milán desde Berlín para jugar a la lotería de ese mismo día en quioscos del aeropuerto de Malpensa, y volverse a Alemania cargados de esperanzas que se vieron frustradas. También austriacos y franceses han cruzado la frontera para probar suerte.
En el sorteo de anoche no apareció ningún máximo acertante, así que hoy habrá otro, con bote enriquecido. «Ganar puede ser una desgracia y no resuelve los problemas de la vida», sentenció la semana pasada Domenico Segalini, obispo de Palestrina, desde
Radio Vaticano. Segalini calificó esta fiebre de «una forma de idolatría, porque no nos dirigimos a Dios sino al dinero», y recordó que, al fin y al cabo, quien más gana es el Estado.
No yerra al respecto el prelado: el Ministerio de Economía italiano recibe la mitad del dinero apostado, así que el crescendo de apuestas le beneficia. El montante que resta se reparte así: el 38% se destina a pagar a los acertantes y engrosa el bote si no hay, el 8% va a los vendedores de los boletos, y en torno al 4,5% es para Sisal SpA, la sociedad que gestiona la SuperEnalotto desde la creación de este juego en 1997. Los premios no reclamados también engrosan las arcas del Estado.
La probabilidad de que anoche apareciera un acertante era de una entre 622 millones, lo cual no movía mucho a la esperanza. La última vez que alguien se llevó un bote potente fue el 23 de octubre pasado, cuando un apostante de Catania (Sicilia) se embolsó 100,7 millones de euros.




