Las apuestas llegan al móvil
21 agosto, 2009Cirsa denuncia el concurso vasco de licencias de apuestas
23 agosto, 2009Acaba de cumplir 26 años, habla cinco idiomas, es licenciada en Económicas por la Universidad de Surrey, corre maratones y en la manga sólo esconde una novela. Leo Margets ha hecho historia en Las Vegas. Ni sueñen con intentar desnudarla al «strip poker».
Antes de su hazaña en las Series Mundiales de Las Vegas, donde fue la mujer mejor clasificada en el torneo principal y la que ha ganado el premio más alto de la historia (352.000 dólares), Leo confiesa que no era tan popular: «He tenido que comerme historias de que era un producto. Da la casualidad de que tengo una carrera y un máster, me gusta hacer deporte y leo libros, pero soy así de verdad». En las revistas americanas lo tienen claro: «Leo Margets es buena para el póquer».
Nacida en Barcelona en el seno de una familia casada con el tenis, ella misma jugó durante 13 años, aunque se considera «la oveja negra» del clan. Su carrera con los naipes ha sido fulgurante, aunque también ha pasado por alguna experiencia peculiar, como cuando la sorprendieron en una redada: «Me pillaron en un torneo de 50 euros con quince amigos. A la butifarra, un juego típico en Cataluña, puedes jugarte el sueldo, pero a los casinos no les interesa que juegues al póquer. Como si no pasaran cosas suficientes, para quince chavales tienen que enviar una brigada con 27 Mossos d’Esquadra encapuchados y armados».
Su «primera vez» también fue original: «Quedé con un chico para tomar una copa y me dijo que pasaba, que tenía una partida. A mí eso me picó y decidí que me unía. Luego empecé a conocer el juego y enseguida me flipó. Nunca llegas a tu nivel máximo de conocimiento, nunca te puedes relajar».
Cambio de trabajo
Entonces llegó el momento crítico, el enfrentamiento con sus padres: «Les dije que dejaba mi fantástico curro en IMG, donde ya estaba colocadita. Llevaba toda la vida intentando entrar allí y fue un bajón descubrir que no me gustaba. Fue fácil, porque me veían feliz».
Tres días antes de empezar el gran torneo, sus únicos planes consistían en asistir a la final de Wimbledon. Volvía de jugar un par de torneos menores y el campeonato de mujeres en Las Vegas, pero se quedó con ganas de marcha. En el último minuto, en 888 le dieron el visto bueno para participar en el «Main Event». Eufórica, dejó escrito en su blog (www.leomargets.com) que volvía para liarla. Dicho y hecho.<TB>De regreso a la capital del vicio, no tuvo mucho tiempo ni para pecar (el dato está pendiente de confirmación). Después de sesiones de trece horas de juego («las World Series son más duras que un maratón»), cada noche preparaba la estrategia del día siguiente, cual jugadora de ajedrez, junto a sus amigos del equipo From flop to the river. «Cada noche comprobaba en internet quiénes eran mis rivales del día siguiente y cuántos puntos tenían. El póquer de verdad es un juego de personas. Las cartas son lo de menos. Tú puedes jugar un póquer ganador, basado en las matemáticas, pero si además utilizas el factor psicológico tienes un extra. Eso no significa que juegue por corazonadas».
Tras esta experiencia, Leo se ve jugando toda la vida. «Es perfecto incluso para mantener la mente activa. Quizá lo que más me desagrada es la pasividad; son demasiadas horas sentada. Al final parezco un perrito, necesito que me saquen una hora a correr. Estar en buena forma física te ayuda a soportar el cansancio, además».
Lágrimas de emoción
«Lo más bonito de todo», asegura, «ha sido el apoyo recibido por internet. Intenté no meterme mucho para mantenerme concentrada, pero emociona. Y el apoyo de allí fue brutal. He tenido a veinte personas durante los últimos cuatro días de juego. Algunos incluso retrasaron el viaje de vuelta y se pasaban a mi lado las 13 horas que estaba jugando. Se me saltaba la lagrimilla cuando la gente, en lugar de felicitarme, me decía: «Gracias». Eso es increíble. No sólo estaba cumpliendo mis sueños, sino casi los de un país. Sé que suena muy fuerte, pero muchos lo veían así».
Al final, Leo Margets no sólo superó a toda la colonia española desplazada este año -otros cinco consiguieron premio: Manuel Labandeira (178.000 dólares), José Manuel Gómez Rebenaque (58.000), Raúl Páez (30.000), Raúl Mestre (27.000) y Armando Muñoz (23.000)-, sino que se coloca como la mejor de la historia después de la victoria de Carlos Mortensen en 2001, antes del boom del póquer en todo el mundo. Con la ventaja añadida de que vive en Londres y allí los jugadores no se mueven dentro de la alegalidad, sino que cotizan (y no demasiado) como profesionales de juegos de habilidad.
Tahúres zurdas
La escasez de mujeres en el circuito es uno de los datos más llamativos de este oficio. «Somos un cinco por ciento», cuenta Leo. «Este año eran unas 300 de casi 7.000. Se debe a la actitud. Las chicas en general son menos competitivas, pero no tienen ninguna desventaja. Incluso puede haber ventajas, porque somos pocas. Es como ser zurdo en el tenis», explica. Leo no cree mucho en el «sexto sentido» que se le atribuye a su sexo, pero sí en que suelen tener «un poco más de inteligencia emocional». Tampoco piensa que el ambiente sea machista: «Te has de hacer respetar. Al principio, todo el mundo tiene prejuicios. El póquer es un juego de información y yo sé lo que ellos piensan de mí de antemano. En realidad, eso me da ventaja».
Fuera de las mesas, Leo también está convencida de que «las cartas ayudan, pero la suerte se busca. Hay mucha gente que tiene un trabajo que no le gusta y se queja, sin hacer nada. El paralelismo con la vida es brutal. Algunos lo reciben todo en bandeja y no lo saben aprovechar».




