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21 abril, 2010164 jóvenes dotados de habilidad, retentiva y capacidad de cálculo se preparan en la escuela de crupiers del casino de Lloret
La primera impresión, cuando se entra en la sala, es que se está celebrando un torneo de Juegos Reunidos Geyper. Grupos de jóvenes agolpados sobre mesas con tapetes verdes hacen rodar la ruleta, recogen y reparten fichas o dan cartas para disputar otra mano de póquer. Hay bullicio y algunas reprimendas de unos individuos que son mayores que el resto. No es un juego. Dentro de tres meses, por las manos de estos jóvenes pasarán grandes sumas de dinero. Son los futuros mediadores de la diosa fortuna, que están aprendiendo el oficio en la escuela de crupiers del Gran Casino Costa Brava, en Lloret de Mar.
«Un buen crupier necesita habilidad manual, retentiva y capacidad de cálculo. También ha de ser una persona serena, que no se ponga nerviosa», explica José Moreno, uno de los instructores. Entre estas cualidades, Moreno no cita la honradez. Es una virtud que se da por supuesta. Como en todas las profesiones, hay casos de crupieres tramposos, que han estafado a la empresa pactando con los clientes o llevándose fichas. Para evitar suspicacias del público, sus uniformes carecen de bolsillos.
La habilidad manual es tan importante que a los principiantes se les asignan los juegos en función de sus características físicas. La altura y la longitud de los dedos son determinantes en los comienzos, aunque, con el paso del tiempo, los profesionales van ampliando el número de juegos que dominan. La retentiva y la capacidad de cálculo son materia de exámen y se perfeccionan en mesas de ruleta con las casillas del tapete en blanco. «Deben memorizar dónde está cada número y cada premio. También tienen que controlar de qué cliente es cada ficha y calcular en segundos cuánto le corresponde a cada ganador», precisa Moreno.
El curso dura seis meses y en las clases se realizan pruebas cronometradas para aumentar la rapidez en la manipulación de las fichas. Los 164 alumnos (71 mujeres y 91 hombres) tienen una media de 26 años. No es casualidad. Los responsables del casino prefieren savia nueva, «porque es cuando son más ágiles y despiertos», explican. Un crupier debe dominar aspectos psicológicos. «Han de saber tratar al cliente. No se puede recibir con una sonrisa de oreja a oreja a una persona que está perdiendo, porque puede pensar que te estás riendo de él», señala Miguel Peñate, otro profesor.
Auge del póquer
Los profesionales del juego no suelen ser jugadores. Saben que la empresa siempre gana, aunque últimamente haya excepciones. El auge del póquer texas está seduciendo a algunos crupiers, conscientes de que no se enfrentan a la banca, si no a otras personas. Toni López tiene 30 años y es uno de los alumnos. Ha participado en algunos torneos de esta especialidad. «Para ganar hay que tener intuición, contener los sentimientos y conocer bien al adversario. Siempre hay tics o comportamientos que pueden delatar al poseedor de una buena mano», explica.
La vida de los crupiers ya no es como antes, cuando gracias a las propinas ganaban dinero en abundancia. Ahora tienen un salario (unos 1.300 euros al comienzo) y trabajan en turnos de tres horas para no perder la concentración. Francisco Fiol, director de la escuela, dice que los casinos tampoco son lo que eran. «Se han desacralizado. Además de juego, ahora ofrecen gastronomía, espectáculos y ocio. Se viene a pasar un buen rato y la gente ya no se plantean reventar la banca», explica.
Mucho mejor, porque esta es la mejor actitud para salir con los bolsillos vacíos. Fiol explica que también hay cierto mito sobre las ganancias de estos establecimientos. «Los casinos retornan en premios el 80% del dinero que se cambia para jugar», asegura. Lo único malo, o bueno, según cómo se mire, es que el reparto de esos beneficios no siempre es equitativo.




