Catalunya admite que tiene «desventaja» en relación a Madrid para acoger el ‘Eurovegas’
21 febrero, 2012El gobierno catalán prepara un decreto que reduce la duración de las partidas de las máquinas tragaperras
25 febrero, 2012El debate entorno a la instalación, en Barcelona o en Madrid, de un macro complejo de casinos y hoteles conocido como Eurovegas está propiciando una apasionada discusión sobre qué somos y a qué modelo de sociedad aspiramos, es decir, cuál es, en una expresión que ha hecho fortuna, nuestro «modelo de país».
Los medios y las redes sociales vienen llenas estos días de pronunciamientos, en general en contra, de la oportunidad de permitir la construcción del citado complejo. El principal argumento de los opositores apela precisamente a ese «modelo de país» ideal que no es tanto lo que Eurovegas puede destruir como una proyección idealizada de lo que nos gustaría ser, un mundo feliz que no es ni será. «Más Apple y menos Eurovegas», o «menos ruleta y más biotecnología», se ha proclamado estos días, esloganes tan redondos como estériles, como si creer que Cataluña puede ser algún día el Silicon Valley europeo bastara para que esto se convirtiese en realidad. Hombre, que quieren que les diga, entre un centro de investigación de Apple o Eurovegas la elección es fácil, pero en el mundo real, no en ese Matrix en el que muchos parecen vivir, mejor lo segundo que ninguna de las dos cosas, más cuando, entiendo, una cosa no invalida la otra. Es curioso que el PSC de Barcelona, o ERC, o ICV, los mismos que durante tantos años al frente de la capital catalana propiciaron acertadamente su despegue turístico, con todo lo bueno, mucho, y parte de lo malo, que ello ha supuesto, se opongan ahora a Eurovegas con el mismo argumento de los que, desde cierto elitismo, desde cierta idealización del país virginal que no somos, deploran que la ciudad esté llena de turistas. El turismo de borrachera que tanto deploramos no es un problema de números, de masa turística, sino de aplicación de las ordenanzas. Como pasa en París, Londres o cualquier otro gran destino. Del mismo modo, que Eurovegas no se convierta en un limbo de prostitución, de cocaína o blanqueo de dinero —todo eso se ha dicho— es una cuestión de que se aplique la ley.




