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Pocas veces un proyecto de tanta envergadura estuvo rodeado de tantas incógnitas. Las dudas vuelven a envolver al macroproyecto de ocio y casinos impulsado en el sur de Madrid por el magnate norteamericano del juego Sheldon Adelson.
Hasta tal punto es así, que se espera con enorme interés la nueva visita a la ciudad que el multimillonario ha anunciado para presentar el que se presume va a ser el proyecto definitivo del que está llamado a ser el mayor complejo de casinos de toda Europa.
Una de las pocas dudas que se han despejado en los últimos días es que la presidenta del PP de Madrid, Esperanza Aguirre, parece seguir siendo la principal valedora de Adelson en España. La otra, que la negociación con el Gobierno para modificar la normativa del tabaco podría estar más avanzada de lo que parece.
La intermediación de Aguirre quedó patente a mediados de semana cuando la propia ex presidenta y no su sucesor, Ignacio González, salió a garantizar la continuidad del proyecto y anunciar la visita de Sheldon Adelson.
Aguirre consiguió acallar así muchos y muy negativos rumores que habían corrido en las últimas semanas. Y es que después de varios meses sin saber nada del omnipresente proyecto urbanístico, las únicas noticias hablaban de tropiezos y de discrepancias en la venta de los terrenos del municipio de Alcorcón donde se ubicará Eurovegas. Los propietarios pedían más dinero por sus muchos miles de metros cuadrados de tierra, y Las Vegas Sands amagó con llevarse los casinos a otra de las ubicaciones ofrecidas por la Comunidad de Madrid si los propietarios se excedían en sus ambiciones. Aguirre logró silenciar muchas voces, aunque no eran pocos los que seguían poniendo en duda que las cosas estén tan avanzadas como presume el gobierno madrileño cuando alguien insiste en preguntar sobre la firmeza del proyecto.
La todavía presidenta del PP madrileño especificó que la visita de Adelson, además de confirmar la continuidad de Eurovegas, tiene como objetivo cerrar los últimos flecos, como la altura de los rascacielos que pretende construir. El problema nace de la proximidad del aeródromo de Cuatro Vientos, un recinto que se usa sólo para avionetas privadas, pero que podría se incompatible con edificios demasiado altos.
El otro gran obstáculo por salvar es la obtención de privilegios especiales para que se autorice el consumo de tabaco en el interior de los casinos una vez que la normativa se asentado en el uso de los españoles. Quien ofreció una inesperada sorpresa al respecto fue la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, quien el viernes tras el Consejo de Ministros dejó en el aire la posibilidad de cambiar la ley del tabaco en circunstancias muy excepcionales. «España necesita inversores y creación de empleo», dijo lacónicamente Sáenz de Santamaría dejando entrever un posible compromiso del Ejecutivo con Adelson.
En el Gobierno creen que, a estas alturas de la historia, la retirada de Las Vegas Sands perjudicaría mucho a la imagen de España como lugar propicio para las inversiones.
Sólo eso justificaría el cambio de criterio público, pues el Gobierno había sostenido hasta ahora que la instalación de los casinos de Adelson no se beneficiaría de cambios legales específicos.
De lo que sí se beneficiarán los casinos, aunque todavía son sólo un dibujo sobre un plano, es de la reducción de impuestos para todo el sector del juego y de la posibilidad de que los contribuyentes españoles se desgraven las pérdidas ocasionas por este motivo. Se trata de una medida que Adelson demandó en su momento como contrapartida a la elección de España como destino de su primera inversión europea pero que, una vez aprobada afectará a todos los casinos por igual.
Quién sabe, tal vez el magnate norteamericano se descuelgue ahora con nuevas peticiones para dar el último y definitivo paso. Entre tanto queda por ver si cumple su parte: prometió que encontraría inversores. De ellos tampoco se sabe nada en Madrid.




