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Y de pronto como si se tratara de una tormenta de verano. Plac, plac, plac, plac. Centenares de fichas se escurren entre los dedos de los jugadores emitiendo un chasquido abrumador. Las mueven con una mano sin parar como un tic nervioso. El locutor ha anunciado por megafonía el inicio del torneo. En ese momento hay mil jugadores repartidos en 120 mesas situadas en una planta subterránea del Casino de Barcelona que conecta con el hotel Arts. Han tenido que ampliar el espacio ante una demanda de récord y durante el año el centro ha organizado cuatro cursos de crupiers para abastecer a la competición.
El European Poker Tour (EPT) es el segundo torneo de póquer más importante del mundo, que se ha celebrado en la ciudad en la última semana y que concluye hoy. La competición ha reunido a 5.000 participantes provenientes de todo el mundo. 161 nacionalidades distintas se han dado cita en el Casino de Barcelona para jugar al póquer. Un auténtico boom. La fiebre por este juego se consolidó en el 2012 con el éxito de las plataformas on line. La mayoría de aficionados nacen allí. “Recuerdo cuando en el 2003 organizamos el primer torneo de póquer en el casino. Le llamamos Póquer Barcelona Open y se inscribieron 250 personas. Ahora vienen 5.000”. El que habla es el director del Casino de Barcelona, José Luís Cernuda.
Explica satisfecho como Barcelona es la única ciudad europea que ha sido sede del torneo en los últimos 13 años de forma ininterrumpida. “El director del EPT siempre nos dice que tenemos la ciudad más bonita del mundo. Tenemos un gran clima y una gran gastronomía, están encantados”.
“El EPT son las olimpiadas del póquer”, destaca David Martín, jefe de comunicación del Grup Peralada, propietario del Casino. “Los participantes vienen a la ciudad porque saben que además de jugar podrán pasar la mañana en la playa y comer en buenos restaurantes”. Hacerlo en verano es clave. “En el 2011 probamos de hacerlo en noviembre pero no tuvo tanto éxito”, recuerda Cernuda.
Un estudio del propio centro de ocio, realizado en 2014, calculó que este torneo de póquer origina un impacto directo entre 7 y 8 millones de euros a la ciudad de Barcelona. Unas cifras de vértigo que permiten entrever los números que mueve este juego.
Hay jugadores de todas las edades, los hay muy jóvenes. El 85% son hombres. Tienen entre 20 y 60 años. Son profesionales del póquer. Si no fuera por el chasquido de las fichas nadie diría que la partida ha empezado. Mantienen el rictus serio. Imperturbable. Varios de ellos llevan auriculares, miran el móvil, escriben whatsapps con la partida en marcha. Unos pocos reciben el masaje de una fisioterapeuta que ponen a su disposición los organizadores y que cobra un euro por minuto. La tensión les agarrota los músculos ya que se pasan más de 8 horas al día jugando varios torneos.
La clave consiste en evitar que cualquier gesto les delate, que una mueca dé pistas al rival. Unos llevan capucha y gafas de sol para eludir que las pupilas se dilaten o se hinche una vena e indique que les ha salido una buena carta. “Todo son matemáticas y psicología, aquí no existe el azar”, explica Martín.
En el Casino de Barcelona se han celebrado 64 torneos desde el 21 de agosto. Los certámenes más concurridos son el EPT y el torneo Estrellas. La inscripción del primero cuesta 5.000 euros y la del segundo 1.000 euros. De media los jugadores pasan cinco días en Barcelona y juegan cuatro partidas. O sea, se gastan 20.000 euros. En total, se han realizado 22.000 inscripciones.
“La gracia del póquer es que todo lo que se recauda en inscripciones se reparte entre los ganadores”. En esta partida, el ganador se embolsará un millón de euros y cobrarán los veinte primeros. “Esto provoca que los jugadores siempre tengan un reto. Saben cuánto gastan y cuánto pueden ganar”, dice el director.
El torneo dura 55 minutos y el chasquido de la tormenta de fichas se acaba de un plumazo. El ganador se marcha empapado.




