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30 abril, 2012Las empresas acusan a la Administración de matar a la industria y ponen la vista en Latinoamérica
El sector no piensa seguir el ejemplo de Sheldon Adelson y su Eurovegas Las compañías piden una relajación normativa y fiscal
El sector de los casinos, con 41 centros en España, observa ansioso estos días la evolución del proyecto Eurovegas, casi como si Sheldon Adelson fuera una especie de Mister Marshall del juego que viene a rescatarle de una situación que califican de imposible. “Pensamos que lo lógico es que las condiciones que van a otorgarle a ese proyecto las hagan extensibles a las demás empresas, sobre todo porque grupos como el nuestro, español, mantienen 6.000 empleos en España y pagan más de trescientos millones en impuestos”, apunta Joaquín Agut, director general de Cirsa.
Aparte del posible agravio comparativo, lo cierto es que las empresas de casinos —entre las que destacan Cirsa, Comar, Peralada, Orenes o Gran Madrid (con varios establecimientos cada una de ellas)— vienen llevando a cabo en los últimos meses una auténtica campaña junto a las autoridades autonómicas para que estas suavicen, de algún modo, las duras condiciones impuestas al funcionamiento del sector. Si el rigor regulatorio vigente en España trae de cabeza a estas empresas desde hace tiempo, el duro impacto de la crisis económica, más la ley del tabaco y la expansión del juego online, parecen haber agravado su situación.
“En estos momentos, el 60% de los casinos españoles están en pérdidas”, asegura Eliodoro Giner, secretario general de la AEC (Asociación Española de Casinos). Una opinión muy similar a la de Joaquín Agut, cuya empresa, Cirsa, tiene cinco casinos en España, entre ellos el de Marbella, el tercero en facturación: “Lo mínimo que puedo decir es que nuestros casinos aquí están en decadencia”.
La realidad es que los datos sectoriales son aterradores. Pese a que el número de visitas ha subido entre 2007 y 2011 en un 11%, la facturación se ha desplomado casi un 42%, hasta los 325 millones de euros. “Esto, claro, no hay cristiano que lo aguante”, se queja Agut. El año peor fue, además, el 2011, con una caída del 17,7%, una ratio que dobla el de años anteriores y que en el sector atribuyen a la ley del tabaco.
“El cliente que juega quiere fumar”, aduce el director general de Cirsa, “y si no puede hacerlo, está menos tiempo, juega y consume menos”. Agut dice que, según encuestas hechas a los clientes, “el 86% ha respondido que quieren fumar”. Esta situación, dicen, no se da en otros países. “Tanto en los casinos latinoamericanos como de EE UU”, asegura Giner, “sí está permitido el tabaco. En Atlantic City, en EE UU, se intentó prohibirlo y a los seis meses dieron marcha atrás”. También el juego online, como vienen denunciando, tiene parte de responsabilidad en este desplome. No ha parado de crecer en los últimos años, lo que Giner atribuye a que “es más sencillo y no hay que pasar controles de acceso”.
Ante la crítica situación de muchos de los establecimientos, el sector ha empezado a pedir árnica en materia fiscal y trata de lograr una reducción de las tasas e impuestos sobre el juego, que, dicen, excede lo normal en otros mercados. “En España, vienes a pagar entre el 50% y 60% de tasa de juego, cuando en EE UU pagas entre el 6,7% y el 8,5% (Nevada y Atlantic City), y en Latinoamérica, menos del 20%”, señala Agut. A lo que hay que añadir el Impuesto de Actividades Económicas, computado sobre las mesas y máquinas existentes, que viene a ser de unos 40.000 euros de media y hasta de 75.000 en algunas autonomías.
“Si a los cinco euros que me quedan de cada cien que se juegan (el 95% vuelve a los jugadores como premio) tengo que pagar el 60% en tasas, me quedo con dos euros; si pagara el 20%, me quedarían cuatro euros”, argumenta Agut, quien considera que esta situación descapitaliza a las empresas. “Nos quedamos sin dinero para promociones o marketing, ofertas de ocio o restauración”. De momento, apenas algunas autonomías les han hecho caso en su reivindicación fiscal. “Ha habido algunas reducciones en dos o tres autonomías, pero escasas”, apunta Giner.
Pero si difícil puede resultar el conseguir un cierto alivio fiscal, más fácil, dicen en el sector, sería aliviar las severas regulaciones que, en su opinión, hacen muy difícil gestionar este tipo de instalaciones. “Este es un negocio en el que no puedes hacer nada sin pedir autorización”, dice Giner. “Todo está regulado: el horario, la ubicación, l os crupieres que tiene que tener una mesa, el sitio de las máquinas… Si quieres hacer una campaña u organizar un campeonato de póquer tienes que pedir autorización”.
En Cirsa inciden en la misma idea. “Lo único que pido es poder gestionar mi demanda”, se queja Agut, “una demanda que está desapareciendo entre los jóvenes, ya que no se me permite hacer promociones, mientras que los demás, los de Internet, por ejemplo sí se anuncian hasta en los periódicos”.
La dureza de la situación ha llevado al cierre de cinco casinos en los tres últimos años. Y si no ha habido más cierres es porque el sector se ha ido concentrando y 38 de los 41 establecimientos pertenecen a grupos como Cirsa (cinco), Comar (nueve), Orenes (seis), Gran Madrid (tres) o Parelada (tres). “Los casinos que funcionan apuntalan a los otros”, dicen en la AEC. Otro efecto colateral de los problemas es que ninguna de las empresas del sector parece tener proyectos de crecimiento en España. “De hecho, alguna apertura que se ha anunciado ha sido un traslado desde la periferia al centro de la ciudad”. Es el caso del Casino de Valencia, de Cirsa.
“De momento, no tenemos idea de abrir ninguno aquí”, asegura Agut, cuya empresa que cuenta con 28 casinos fuera de España (la mayor parte en Latinoamérica) y acaba de abrir en su casino Citycenter de Rosario (Argentina), el centro de convenciones más grande del continente, con 2.000 metros cuadrados de auditorio.
En Codere —el ejemplo más notorio de falta de interés en el mercado español de casinos, cotizada en Bolsa, sin un solo establecimiento de este tipo en España pero 14 en Panamá y Colombia— apuntan que van a seguir “apostando por los casinos pero fuera de España, donde las condiciones son mucho más friendly para el sector”.
Pero las escasas expectativas no son exclusivas de España. El reto de Europa no parece que vaya a potenciar esta industria en los próximos años. Un estudio de PriceWaterhousecoopers concluye que la facturación total en la zona crecerá desde los 16.300 millones del 2010 a los 18.300 millones en 2015, apenas un 2,4% al año. En el mundo crecerá un 9,2%.
Las empresas acusan a la Administración de matar a la industria y ponen la vista en Latinoamérica. El sector no piensa seguir el ejemplo de Sheldon Adelson y su Eurovegas Las compañías piden una relajación normativa y fiscal.
El sector de los casinos, con 41 centros en España, observa ansioso estos días la evolución del proyecto Eurovegas, casi como si Sheldon Adelson fuera una especie de Mister Marshall del juego que viene a rescatarle de una situación que califican de imposible. “Pensamos que lo lógico es que las condiciones que van a otorgarle a ese proyecto las hagan extensibles a las demás empresas, sobre todo porque grupos como el nuestro, español, mantienen 6.000 empleos en España y pagan más de trescientos millones en impuestos”, apunta Joaquín Agut, director general de Cirsa.
Aparte del posible agravio comparativo, lo cierto es que las empresas de casinos —entre las que destacan Cirsa, Comar, Peralada, Orenes o Gran Madrid (con varios establecimientos cada una de ellas)— vienen llevando a cabo en los últimos meses una auténtica campaña junto a las autoridades autonómicas para que estas suavicen, de algún modo, las duras condiciones impuestas al funcionamiento del sector. Si el rigor regulatorio vigente en España trae de cabeza a estas empresas desde hace tiempo, el duro impacto de la crisis económica, más la ley del tabaco y la expansión del juego online, parecen haber agravado su situación.
«En estos momentos, el 60% de los casinos españoles están en pérdidas», asegura Eliodoro Giner, secretario general de la AEC (Asociación Española de Casinos). Una opinión muy similar a la de Joaquín Agut, cuya empresa, Cirsa, tiene cinco casinos en España, entre ellos el de Marbella, el tercero en facturación: “Lo mínimo que puedo decir es que nuestros casinos aquí están en decadencia”.
La realidad es que los datos sectoriales son aterradores. Pese a que el número de visitas ha subido entre 2007 y 2011 en un 11%, la facturación se ha desplomado casi un 42%, hasta los 325 millones de euros. “Esto, claro, no hay cristiano que lo aguante”, se queja Agut. El año peor fue, además, el 2011, con una caída del 17,7%, una ratio que dobla el de años anteriores y que en el sector atribuyen a la ley del tabaco.
“El cliente que juega quiere fumar”, aduce el director general de Cirsa, “y si no puede hacerlo, está menos tiempo, juega y consume menos”. Agut dice que, según encuestas hechas a los clientes, “el 86% ha respondido que quieren fumar”. Esta situación, dicen, no se da en otros países. “Tanto en los casinos latinoamericanos como de EE UU”, asegura Giner, “sí está permitido el tabaco. En Atlantic City, en EE UU, se intentó prohibirlo y a los seis meses dieron marcha atrás”. También el juego online, como vienen denunciando, tiene parte de responsabilidad en este desplome. No ha parado de crecer en los últimos años, lo que Giner atribuye a que “es más sencillo y no hay que pasar controles de acceso”.
Ante la crítica situación de muchos de los establecimientos, el sector ha empezado a pedir árnica en materia fiscal y trata de lograr una reducción de las tasas e impuestos sobre el juego, que, dicen, excede lo normal en otros mercados. “En España, vienes a pagar entre el 50% y 60% de tasa de juego, cuando en EE UU pagas entre el 6,7% y el 8,5% (Nevada y Atlantic City), y en Latinoamérica, menos del 20%”, señala Agut. A lo que hay que añadir el Impuesto de Actividades Económicas, computado sobre las mesas y máquinas existentes, que viene a ser de unos 40.000 euros de media y hasta de 75.000 en algunas autonomías.
“Si a los cinco euros que me quedan de cada cien que se juegan (el 95% vuelve a los jugadores como premio) tengo que pagar el 60% en tasas, me quedo con dos euros; si pagara el 20%, me quedarían cuatro euros”, argumenta Agut, quien considera que esta situación descapitaliza a las empresas. “Nos quedamos sin dinero para promociones o marketing, ofertas de ocio o restauración”. De momento, apenas algunas autonomías les han hecho caso en su reivindicación fiscal. “Ha habido algunas reducciones en dos o tres autonomías, pero escasas”, apunta Giner.
Pero si difícil puede resultar el conseguir un cierto alivio fiscal, más fácil, dicen en el sector, sería aliviar las severas regulaciones que, en su opinión, hacen muy difícil gestionar este tipo de instalaciones. “Este es un negocio en el que no puedes hacer nada sin pedir autorización”, dice Giner. “Todo está regulado: el horario, la ubicación, l os crupieres que tiene que tener una mesa, el sitio de las máquinas… Si quieres hacer una campaña u organizar un campeonato de póquer tienes que pedir autorización”.
En Cirsa inciden en la misma idea. “Lo único que pido es poder gestionar mi demanda”, se queja Agut, “una demanda que está desapareciendo entre los jóvenes, ya que no se me permite hacer promociones, mientras que los demás, los de Internet, por ejemplo sí se anuncian hasta en los periódicos”.
La dureza de la situación ha llevado al cierre de cinco casinos en los tres últimos años. Y si no ha habido más cierres es porque el sector se ha ido concentrando y 38 de los 41 establecimientos pertenecen a grupos como Cirsa (cinco), Comar (nueve), Orenes (seis), Gran Madrid (tres) o Parelada (tres). “Los casinos que funcionan apuntalan a los otros”, dicen en la AEC. Otro efecto colateral de los problemas es que ninguna de las empresas del sector parece tener proyectos de crecimiento en España. “De hecho, alguna apertura que se ha anunciado ha sido un traslado desde la periferia al centro de la ciudad”. Es el caso del Casino de Valencia, de Cirsa.
“De momento, no tenemos idea de abrir ninguno aquí”, asegura Agut, cuya empresa que cuenta con 28 casinos fuera de España (la mayor parte en Latinoamérica) y acaba de abrir en su casino Citycenter de Rosario (Argentina), el centro de convenciones más grande del continente, con 2.000 metros cuadrados de auditorio.
En Codere —el ejemplo más notorio de falta de interés en el mercado español de casinos, cotizada en Bolsa, sin un solo establecimiento de este tipo en España pero 14 en Panamá y Colombia— apuntan que van a seguir “apostando por los casinos pero fuera de España, donde las condiciones son mucho más friendly para el sector”.
Pero las escasas expectativas no son exclusivas de España. El reto de Europa no parece que vaya a potenciar esta industria en los próximos años. Un estudio de PriceWaterhousecoopers concluye que la facturación total en la zona crecerá desde los 16.300 millones del 2010 a los 18.300 millones en 2015, apenas un 2,4% al año. En el mundo crecerá un 9,2%.




