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4 junio, 2014Tras seis prórrogas, la compañía y los bonistas, en su mayoría fondos buitre, no lograban ayer un acuerdo para reestructurar la deuda.
El tira y afloja que han protagonizado la cúpula de Codere y los acreedores da casi para escribir un libro. Pero este capítulo llega a su fin. Ayer a las 11 horas de Nueva York, es decir, a las cinco de la mañana de España, expiraba el standstill o prórroga que habían acordado los bonistas y la compañía para intentar llegar a un acuerdo. Al cierre de esta edición, momento en el que Codere celebraba un consejo crucial para determinar el futuro de la firma, todavía no se conocía la decisión final, pero fuentes muy cercanas a las negociaciones aseguraban que el concurso era la opción más probable.
Codere comunicó hace casi un año el fichaje de la firma especializada en reestructuraciones de deuda, Perella Weinberg, con lo que sorprendía al mercado por los problemas financieros que abordaba. La deuda de la compañía supera los 1.000 millones. La parte importante se concentra en dos bonos, uno en euros de 760 millones y otro en dólares, de 300 millones (en torno a 220 millones de euros). Y, además, hay una línea de crédito en manos de fondos buitre que, inicialmente era de 60 millones, pero que se sitúa actualmente en 127 millones. Codere ha hecho impago de cupones de ambos bonos y de esta línea.
En enero de este año, presentó preconcurso de acreedores, justo antes del primer impago de la deuda. Transcurridos los cuatro meses, la compañía y los fondos, que cuentan con el asesoramiento de Houlihan Lokey, han firmado varias prórrogas (standstill), un total de seis, para evitar el concurso. Silver Point y M&G son los fondos con más peso de entre los bonistas.
La principal desavenencia viene por el control de la compañía, algo en lo que la alta dirección de Codere, con José Antonio Martínez Sampedro a la cabeza, no va a ceder. La familia Martínez Sampedro tiene el 63,7% del capital.




