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Castilla y León es la única comunidad autónoma española que ha regulado la organización, gestión y desarrollo de este tradicional juego de azar tradicional, que se celebra durante el jueves, viernes y sábado de la Semana Santa. Los participantes hacen sus apuestas monetarias en un corro, y se gana dependiendo de la posición en que queden dos monedas en el suelo, con identidad simultánea de anversos (caras) o de reversos (cruces o lises), tras lanzarse al aire.
En el catálogo de juegos y apuestas castellano-leonés (Decreto 44/2001, de 22 de febrero), se establece quiénes intervienen en este juego: el organizador y los participantes) el gestor o baratero –quien dirige el juego, controla las apuestas, vigila la tirada, canta los resultados y puede obtener propinas–, el lanzador y los jugadores.
A continuación, el catálogo regula que las chapas –que son monedas iguales, del mismo valor, peso y dibujo, y en buen estado de conservación (tradicionalmente monedas de diez céntimos de cobre del reinado de Alfonso XII, denominadas perras gordas)– se juegan sobre el suelo, en una superficie rígida, plana y libre de cualquier clase de obstáculo y establece sus reglas.
Casi un año más tarde, como apunta el escritor y jurista Carlos Pérez Vaquero, y para garantizar la transparencia en su desarrollo y ofrecer seguridad jurídica a los que deseen practicarlo, la Junta de Castilla y León aprobó el Decreto 9/2002, de 17 de enero, en el que se reguló la necesidad de obtener autorización previa de la Delegación Territorial de la Junta en cada provincia y se reglamentó la práctica al aire libre y en local cerrado.
Las chapas se vinculan con la Semana Santa porque, según la tradición cristiana, los soldados romanos se jugaron con monedas las pertenencias de Cristo en el calvario.




