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Los seminola recuerdan con orgullo que son los únicos nativos que jamás se han rendido a los Estados Unidos. Aunque el Gobierno norteamericano, después de tres sangrientas guerras, dio por terminada la serie de conflictos en 1858, nunca se llegó a firmar un tratado de paz y unos cuantos cientos de miembros de la tribu siguieron viviendo aislados de la civilización occidental en los pantanos del sur de Florida hasta bien entrado el siglo XX.
Hoy en día, los seminola mantienen vivas sus tradiciones ancestrales y su espíritu independiente, pero sin renunciar a las posibilidades que les ofrece la economía global. Desde que a finales de los años 70 abrieron su primer bingo, el juego ha sido una fuente de ingresos fundamental para ellos. Gracias a los privilegios de casi exclusividad que les concede el estado de Florida y a una ley federal de 1988 que autoriza esta actividad en las reservas indias de EE.UU. como medio para prosperar y ser autosuficientes, las arcas de la tribu comenzaron a crecer hasta consolidar un boyante negocio basado en los casinos.
Los líderes de la tribu no se reúnen hoy día en tiendas de campaña, no se trasladan a caballo ni disparan arcos y flechas, como los indios de las películas. Ahora encabezan una organización que funciona como una gran multinacional, con su presidente y consejo de administración. Tiene su sede central en el territorio seminola de Hollywood, una localidad que no tiene nada que ver con la meca del cine de California, sino que está situada en el condado de Broward, a algo más de 30 kilometros al norte de Miami. Ahora bien, los seminola nunca pierden de vista su esencia y valores y, de hecho, junto a las oficinas se conserva el viejo roble a cuya sombra se reunía el consejo de la tribu durante un tiempo.
Salto al mercado global
En 2004, la tribu se hizo con el hotelcasino Hard Rock de Hollywood y con el de Tampa, en la costa oeste de Florida. Pero su gran salto al mercado planetario lo darían en 2006, cuando anunciaron la adquisición de Hard Rock International.
Esta marca había nacido en 1971, cuando, según se cuenta, Isaac Tigrett y Peter Morton buscaban en Londres una buena hamburguesa americana y para lograrlo decidieron abrir su propio establecimiento en la capital británica. Una mezcla de aciertos y golpes de fortuna, como el concierto improvisado que Paul McCartney dio en el local, el fortuito éxito de unas camisetas con su logo creadas para patrocinar un equipo de fútbol o el regalo de la guitarra de Eric Clapton, impulsaron la fama del pequeño Hard Rock Cafe, que se empezó a multiplicar con sucursales primero en EE.UU. y luego en otros países. En el momento en que los seminola adquirieron la empresa, contaba ya con más de 120 restaurantes de temática musical en 45 países, así como siete hoteles, dos casinos y dos espacios de conciertos. Según la compañía, la compra de Hard Rock por la tribu seminola supone en realidad «el matrimonio perfecto de dos almas gemelas», ya que comparten firmemente una serie de valores, como la importancia de «ser auténtico e independiente», así como la conservación de la naturaleza y la protección del planeta.
El artífice de la compra por parte de los seminola fue James Allen, consejero delegado de la empresa de juego de la tribu y ahora también de Hard Rock International. Cuando planteó la idea a los directivos seminola, pensaron que estaba algo loco. Sin embargo, finalmente accedieron y en diciembre de 2006 se informó al mundo de la operación, por importe de 965 millones de dólares, en lo alto del Hard Rock Café de Times Square, en Nueva York.
«Ejemplo de diversificación»
« Los seminola mantienen su propio sistema escolar para enseñar su cultura a los más niños de la tribu –señala Allen a ABC–, pero también son muy progresistas en cuanto a sus negocios y actividades económicas » . En este sentido, señala que la compra de Hard Rock International fue «un claro ejemplo» en la diversificación de sus intereses a una escala global.
Ahora, cuando faltan unos meses para que se cumplan diez años de aquel anuncio de compra (que se formalizó en 2007), la compañía está presente en 70 países y cuenta con 212 establecimientos, entre cafés, hoteles, casinos y espacios para conciertos. Su colección de reliquias musicales supera las 80.000 piezas y el número de habitaciones que ofrece practicamente se ha multiplicado por cuatro en estos años, de 3.500 a cerca de 17.000, estando otros quince hoteles en marcha.




