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Los alcaldes de la Costa Daurada central (Salou, Vila-seca, Tarragona, Cambrils…) tratan de mantener la cabeza fría y la lengua quieta a la espera de que el nuevo Gobierno liderado por Carles Puigdemont concrete si firmará la defunción del proyecto que en su día se bautizó como BCN World. Por el momento, el discurso oficial de la Generalitat no ha variado significativamente. Según Damià Calvet, coordinador ejecutivo del De partament de Territori i Sostenibi litat, los técnicos de Urbanismo «continúan avanzando» en la tramitación del plan director del proyecto llamado –según vendieron sus impulsores– a «transformar Cataluña en un hub turístico mundial».
La sombra del republicano Oriol Junqueras como hombre fuerte del nuevo Govern y responsable del área económica, junto al músculo adquirido por la CUP en los últi mos meses, no plantean un futuro demasiado halagüeño para los Centros Turísticos Integrados (CTI) de la Costa Daurada y sus correspondientes casinos. La idea nunca gustó a ERC y tampoco a la CUP. Es más, Junqueras siempre ha considerado BCN World el ejemplo perfecto de incoherencia entre el esfuerzo inversor realizado por Cataluña en políticas educativas y el escaso retorno social y económico de ese proyecto.
El megacomplejo turístico ya no es prioritario ni irrenunciable para la Generalitat. Así lo demostró el ex presidente Artur Mas hace unas semanas al ponerlo a disposición de la CUP a cambio de su nombramiento. Paradójicamente, antes de la investidura de Puigdemont la cúpula del área de Ordenación Terri torial había calmado a los alcaldes del litoral central de Tarragona al confirmar que el proceso urbanístico sigue su curso normal.
De mantenerse la voluntad política necesaria –un extremo más que dudoso– sería razonable esperar la aprobación definitiva del plan director el próximo verano, aproximadamente doce meses después de la previsión inicial bendecida por el ex conseller de Econo mia, Andreu Mas-Colell.
Cabe recordar que, en verano de 2014, el Ejecutivo autonómico ideó un calendario exprés para su proyecto estrella y consideraba perfectamente factible que las obras hu biesen comenzado en el otoño de 2015. El plan director urbanístico fue aprobado inicialmente en julio de 2015, con siete meses de retraso sobre el calendario previsto. Esta normativa regula las 103 hectáreas de suelo más afectadas por la reurbanización –la famosa banana donde se ubican los ressorts de lujo, junto a los campos de golf de PortAventura– del total de 825 hectáreas que integran el Centro Recreativo y Turístico (CRT) de Vila-seca y Salou.
En la actualidad prácticamente ha finalizado el periodo de información pública y se han presenta do alegaciones. En paralelo se tra mita la segunda fase del concurso para tres casinos.
Una vez finalizados estos trámites, la comisión provincial de urbanismo debería proceder a la aprobación provisional del citado plan. Se calcula que serán necesarios un par de meses para crear el texto refundido en el que se resuelvan las alegaciones y se armonicen los informes sectoriales. Los colegios profesionales de arquitectos, ingenieros, economistas y geógrafos han presentado alegaciones conjuntas ante un modelo turístico que entienden poco equilibrado y mal ajustado a las excepcionales condiciones del CRT.
Los Ayuntamientos de Salou y Vila-seca, además de Cambrils, exigen un estudio más detallado para evaluar el impacto real, especialmente en aspectos como la movilidad, de un proyecto que prevé en su primer bosquejo una decena de torres de hasta 90 metros junto a otros edificios con alturas de 20 y 45 metros. Hoy, el plan director contempla una in versión de mejora de viales y servicios (agua, energía, etc) de unos 200 millones de euros que se repercutirán a los compradores en el coste del suelo. Melco, Hard Rock y Grup Peralada, las tres compañías precalificadas, se mantienen a la expectativa.




