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Los tiempos del Pang, el Comecocos y el Tetris han quedado atrás: hoy en día los videojuegos han evolucionado hasta convertirse en una industria que factura millones de euros, y que goza de un desarrollo exponencial. Las claves son varias: la mejora de la calidad de los gráficos (que en algunos casos se valen de técnicas cinematográficas), la apuesta por guiones cada vez más complejos, y la diversificación de temáticas, cuyo objetivo es atraer a un rango cada vez mayor de usuarios, en un sector que aún arrastra en ciertos círculos el sambenito de «pueril».
De ese creciente éxito pretenden valerse los ganadores del premio al mejor plan de empresa de la 15ª promoción del MBA part-time de la UPF de la Barcelona School of Management: seis alumnos de este máster empresarial han creado un proyecto de centro de juegos adaptado a las nuevas necesidades de los gamers, bautizado como Play Space Barcelona.
La idea es habilitar un espacio en el que el jugador pueda disfrutar de un equipamiento que no está al alcance de todos los bolsillos (cascos virtuales, simuladores, pantallas gigantes, etc.), además de la experiencia del juego colectivo, con sesiones multijugador, y un catering que se inspira en «lo que consumes cuando juegas con tus amigos: pizzas, bocadillos, bravas, cerveza, etc.», según explica Fernando Díez, uno de los responsables del proyecto.
Los creadores de esta iniciativa la conciben como una red de locales que comenzaría en ciudades como Barcelona, Madrid o Valencia, para luego dar el salto a ciudades universitarias de menor tamaño como Salamanca, Santiago o Vitoria.
«Nuestro público objetivo tiene entre 16 y 27 años, pero también nos dirigimos a aquellos jugadores con mujer e hijos que ya peinamos canas», bromean los impulsores de este negocio.
La intención es abandonar la vertiente más solitaria de la experiencia, y potenciar el juego presencial, valiéndose también de herramientas como el juego en red. «El objetivo es reproducir lo que se hace en las ferias de videojuegos, pero de forma permanente y a pequeña escala, en locales», asegura Díez.
Competiciones virtualesSi la realidad siempre supera la ficción, ¿por qué no emularla? Para ello el equipo responsable de Play Space Barcelona apuesta por organizar campeonatos paralelos de las principales competiciones deportivas: Champions League, Final Four, etc: «Haremos simulaciones del campeonato de Fórmula 1 con coches de tres metros de largo», anuncian los responsables de la idea.
La cara menos amable del negocio surge cuando se aborda el asunto de los permisos de exhibición: existe un vacío legal sobre la exposición al público de videojuegos, lo que hace necesario ir de la mano de las grandes compañías (Nintendo, Microsoft, Sony) si se quiere llegar a buen puerto, según explica Fernando Díez.
En cuanto a las tarifas, hay ofertas para todos los bolsillos: desde 50 céntimos por 10 minutos de juego en la zona pública (habilitada con pantallas de 3 por 3 metros con capacidad de hasta 16 jugadores simultáneos); hasta 25 euros la hora en las salas privadas, dotadas de pantallas 3D y cascos virtuales; pasando por los 8 euros que cuesta pasar 20 minutos en los simuladores.




