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La música de las máquinas tragaperras y el ruido de las monedas al caer los premios va a dejar de sonar en multitud de bares de toda la Región. La falta de clientes por la crisis, pero, sobre todo, la presión fiscal a la que los propietarios están sometidos ha llevado a muchos de ellos a tomar la decisión de dar de baja este 31 de diciembre en torno a 1.800 máquinas, que les hacen perder más dinero del que ganan. Pepe Arroyo, presidente de la Asociación Murciana de Máquinas Recreativas, explica lo que está pasando de forma muy clara: «Noso-tros tenemos que pagar una tasa fiscal por cada máquina, que al año supone 4.000 euros, a lo que hay que sumar su mantenimiento. Esto supone que una máquina nos cuesta a la semana 115 euros, y ahora vas a muchas de ellas y en una semana no han recaudado ni 80 euros. Así no se puede seguir».
La principal queja que tienen en la asociación es que la Comunidad Autónoma les obliga a pagar por la máquina y no por lo que genera, «que sería lo justo» en opinión de los empresarios.
El Gobierno regional les dio la oportunidad, cuando empezó la crisis, de dar de baja de forma temporal las máquinas y mantenerlas guardadas en almacenes pagando solo un 10% de las tasas fiscales. Muchos empresarios se acogieron a esta opción, pero tampoco han visto una solución en ella. «Hemos tenido las máquinas guardadas y aún así hemos tenido que pagar. La situación no ha mejorado y cada vez son más los que les han dado de baja permanente», explica.
El problema de las bajas definitivas es que se arriesgan a que la Comunidad ya no vuelva a concederles las licencias para adquirir otra nueva cuando la situación económica mejore.
Por ahora, las perspectivas son malas y las soluciones que ven los empresarios son pocas.
Desde hace dos años han ido cerrando, poco a poco, todas las empresas murcianas que se dedicaban al sector y que tenían una treinta o cuarenta máquinas. Sus propietarios han vendido las licencias a empresas de gran tamaño y con actividad en todo el país, que son las únicas que están manteniéndose.
Pepe Arroyo tiene muy claro que la puntilla a este sector se la ha dado la ley antitabaco. «El jugador de máquina tragaperras suele también fumar y asocia ambas cosas. Y si no puede fumar dentro del bar, no juega, o juega menos». Además, este sector tenía en los obreros de la construcción una buena parte de sus clientes, y es aquí en la Región de Murcia donde la caída de la construcción ha enviado a más obreros al paro.
Desde 2007 hasta este 31 de diciembre el parque de máquinas de la Región se ha reducido, aproximadamente, a la mitad. «En los bares en los que había dos máquinas, ahora habrá una», asegura Arroyo.




