
Los Ayuntamientos se lanzan a frenar el sector del juego sin tener las competencias
31 diciembre, 2019
El 26845, primer premio de La Grossa de Cap d’Any
31 diciembre, 2019Los clientes habituales auguran una subida en las consumiciones debido a la nueva tasa municipal
Sentarse en una terraza a tomar un café, disfrutar de una cerveza y zamparse unas bravas, con el solecito y en compañía de los amigos, es algo tan barcelonés como los panots de la flor modernista, los taxis negros y amarillos y las obras perpetuas. Los ciudadanos hacen gala de ello, pero afrontan el 2020 con un recelo renovado. Tras la aprobación de las ordenanzas fiscales el pasado 20 de diciembre en el pleno del ayuntamiento, con una subida de las tasas que van a pagar los dueños de bares y restaurantes por instalar una mesa en la calle, los clientes sospechan que no tardarán en sufrir, también ellos, un incremento de precios por consumir fuera del establecimiento.
El sector de la restauración alertó ya hace días y auguró que muchos negocios se van a ver obligados a adoptar medidas como aplicar suplementos de terraza que pueden llegar al 20%, realizar ajustes en las plantillas o prescindir de mesas fuera. Solo queda saber cuándo empezarán a subir los precios. «Siempre solemos ir a terrazas y nos parece mal que suban las tasas a los restaurantes y que en consecuencia tengamos que pagar más nosotros», comentan Martina y Bet, dos jóvenes que toman juntas un aperitivo en el barrio de Gràcia. Ambas creen que debería ser la propia empresa la que se tendría que hacer cargo.
Más regulación
Al igual que ellas, Jordi Fonts comparte la idea de que el local debe ser el que asuma la totalidad de la tasa. Además, añade este ciudadano, es necesario que, de una vez por todas, en aquellas zonas más perjudicadas por la falta de movilidad o el exceso de ruido, se regule mejor la presencia de las terrazas. Roger Amorín, otro cliente habitual de las terrazas barcelonesas, sostiene que, «si ayuda a la Administración a recaudar ingresos, la subida de tasas es razonable, siempre que haya transparencia, eso sí». «Si esto lo acaba pagando el consumidor, es injusto», añade. En su opinión, el hecho de que la subida de tasas llegue a afectar directamente a los consumidores puede hacer que las terrazas empiecen a vaciarse. En la misma línea, otro joven del barrio de Gràcia comenta que, llegado el caso, sopesará con detenimiento el consumir fuera o dentro: «Si el precio sube, por ejemplo, 15 céntimos, seguiré yendo a las terrazas. Pero si la diferencia es de medio euro, seguramente consumiré dentro».
Un hábito cultural
Muy distinta es la opinión de Roser Nieto y Núria Ferrer, quienes, mientras desayunan en una terraza de la plaza de Rovira i Trias, afirman rotundas que no debería ser el local el que asumiera el total de la tasa. «Los primeros días se notará en los precios, pero se acabará asumiendo porque estamos acostumbrados a la cultura de las terrazas y la vida que generan», argumentan ambas amigas.
Jaime Robarte también defiende que las terrazas dan vida a la ciudad. Reconoce que no es usuario, pero en su zona suelen ser puntos de encuentro y no molestan a los vecinos. «¡Pobres de ellos si nos quitan las terrazas!», claman Montse y Alicia, fieles a estas mesas colocadas al aire libre o bajo un toldo. Las dos tienen claro que seguirán consumiendo en ellas ya que, en caso contrario, los establecimientos podrían suprimirlas si no sale rentables mantenerlas. «Es vergonzoso, las tasas están desorbitadas y ya son excesivas», añaden.
En muchos puntos de la ciudad, la presencia de las terrazas ocupa parte del espacio público, sin embargo hay locales que se adaptan a la zona en la que están ubicados y con tal de ofrecer un servicio en el exterior buscan alternativas como barras altas con taburetes en la entrada o asientos que no sobresalen hacia la acera, entre otras





