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La totalidad de las asociaciones de la tercera edad de Mallorca organizan partidas de bingo en sus locales, y todas ellas quieren seguir haciéndolo, según subrayan los responsables de estos clubes, que defienden esta actividad como una fórmula para ayudar a financiar sus gastos en un momento en que las Administraciones están recortando sus subvenciones y como una práctica con fines estrictamente de entretenimiento y sin ánimo de lucro. Por ello, todos coinciden en su intención de seguir jugando en sus locales, pese a las actuaciones que recientemente se han desarrollado contra los clubes de las calles Ferro y Francesc Martí i Mora de Palma.
Un punto sobre el que se hace especial hincapié es en que en la mayoría de los casos no se obtiene ningún beneficio. Aunque la presidenta de la federación de asociaciones de pensionistas de Palma y del centro de la calle General Ricardo Ortega, María Teresa Ratier, no oculta que existen excepciones, y que es posible que en algunos clubes el nivel de juego que se ha practicado supere lo razonable.
Sin embargo, afirma que se trata de casos excepcionales, y que en la inmensa mayoría de estos locales el bingo no supone más que una forma de entretenimiento de las personas mayores, con apuestas que se suelen mover entre los cinco y los 20 céntimos el cartón y unos beneficios «que nos permiten luego ir al supermercado a comprar unas cajas de galletas». Así, la presidenta de la federación palmesana recuerda que en los locales de la tercera edad «se juega al bingo desde hace 20 años», y apunta su sorpresa a que ahora comiencen a aplicarse controles, aunque añade que «en esta legislatura todo es posible».
Por ello, define como «una barbaridad» la actuación de la conselleria de Interior, y reclama que ésta marque las conficiones que se deben cumplir para poder jugar sin problemas. En cualquier caso, María Teresa Ratier no oculta que ha recomendado a todas las asociaciones de su federación de Palma que sigan celebrando partidas de bingo, y destaca que ha solicitado una reunión tanto a la consellera de Interior, Pilar Costa, como al delegado del Gobierno, Ramon Socías.
La presidenta del centro de sa Calatrava, Polita Lizana, subraya que la posibilidad de lucrarse con el bingo es nula en la inmensa mayoría de las asociaciones. «Nosotros cobramos el cartón a cinco céntimos y suelen jugar seis o siete personas, así que todo lo recaudado va al premio». Idéntica es la argumentación de su homóloga en el Polígon de Llevant, Francisca Crespí, que dispone de un local de escasas dimensiones y en el que el cartón se suele cobrar a 10 céntimos, lo que implica que la recaudación o el precio de los cafés que se sirven apenas alcanzan para ayudar a cubrir gastos como la luz.
Ambas presidentas afirman que el objetivo de las partidas de bingo es exclusivamente el de entretener a unas personas mayores que cuentan normalmente con escasas distracciones –»nosotras tenemos ajedrez, parchís o damas, pero a lo que la gente prefiere jugar es al bingo», destaca Francisca Crespí–, y lamentan igualmente el recorte que se está detectando en las ayudas que las Administraciones públicas ofrecen a este tipo de organizaciones.
Como ejemplo, la presidenta del Polígon señala que el alquiler del local se lo financia el Consell, y que hasta ahora disponían de ayudas para pagar a tres monitoras para la realización de manualidades o bailes, pero que ya les han comunicado que el próximo año sólo van a poder disponer de dos.
Por ello, se suman a la reclamación de Ratier de que el Govern fije unas reglas de juego claras para evitar los cierres, como el precio máximo del cartón o las horas en que se pueden ofrecer las partidas, ya que todas estas asociaciones están dispuestas a respetarlas.
Esa misma postura es defendida por el presidente de la asociación pensionistas de sa Pobla, Bartomeu Soberats, al tiempo que destaca que «a cinco céntimos el cartón, ni se puede perder mucho dinero ni ganar mucho tampoco», hasta el punto de que en la mayoría de los casos el premio en la partida no suele superar los cinco euros. El máximo responsable de esta asociación asegura que lo sucedido en dos clubs de Palma no ha generado la menor alarma, de ahí que se vaya a mantener la actividad con absoluta normalidad.
El secretario del club de Pollença, Bartolomé Joy, lamenta también que las subvenciones apenas lleguen a estas organizaciones de la tercera edad, y pese a ello destaca que con el bingo no hay beneficios, dado que sólo se cobran cinco céntimos por cartón y ninguna persona suele jugar más de tres o cuatro por partida. «Se juega por puro entretenimiento, y ni el club gana dinero ni los socios tampoco», asegura.
Dante Lastra es el encargado del bar del club de Artà, y se suma a los que manifiestan su rechazo ante las medidas que se han aplicado contra dos asociaciones de pensionistas. «¿Es que no hay ladrones en la calle? Es incomprensible que se actúe contra personas de la tercera edad», señala, al tiempo que pone de relieve que la celebración de las partidas de bingo en este tipo de locales no tiene otra finalidad que la de ofrecer una distracción a las personas de más de 65 años.
Dante Lastre afirma que el premio más alto que se ha llegado a pagar en Artà por una partida de bingo ha sido de cuatro euros, ya que el cartón se cobra a cinco céntimos, y rechaza que alguien pueda estar lucrándose por esta vía.




