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15 mayo, 2013Bruselas abre la puerta a suprimir las monedas de uno y dos céntimos. La Comisión inicia un debate para evitar acuñar unas monedas que acumulan pérdidas de 1.400 millones desde el 2002.
Se utilizan poco en los pagos, la gente les da poco valor, se pierden y además acumulan unas pérdidas de 1.400 millones desde que comenzó a circular el euro en el 2002, ya que cuesta más producirlas que el valor facial que tienen. Ante este cúmulo de desventajas, la Comisión Europea ha abierto un debate sobre el mantenimiento o no de las monedas de uno y dos céntimos.
Tras discusiones con empresas, consumidores, tesoros públicos, fábricas de moneda y bancos centrales, se han recopilado pros y contras sobre la existencia de estas monedas. Se ha abierto un nuevo debate y «si se deduce una clara preferencia, la comisión presentará las propuestas legislativas necesarias», según fuentes del Ejecutivo comunitario.
RELACIÓN COSTE-BENEFICIO
La Comisión Europea adoptó ayer una comunicación que responde a una petición hecha el año pasado por el Parlamento y el Consejo europeos. Durante este tiempo, se ha realizado un análisis centrado en la relación coste-beneficio de la fabricación de las mismas y la actitud del público ante estas monedas fraccionarias.
Se barajan cuatro opciones posibles. La primera sería mantenerlas con sus características actuales. La segunda, reducir su coste de producción, ya que este es muy superior a su valor facial. La tercera sería la retirada de la circulación de forma rápida a través de los comercios y bancos y con normas vinculantes de redondeo desde el primer día. Y la cuarta, acometer un proceso de retirada progresiva, con normas de redondeo manteniendo el curso legal durante un tiempo para pagar cantidades finales redondeadas.
LÓGICA ECONÓMICA
«La lógica económica aconseja dejar de emitirlas, pero hay que sopesar los elementos de coste con otras consideraciones, especialmente la posible reacción negativa del público ante las normas de redondeo», afirman.
En las discusiones, los representantes de los consumidores han manifestado su temor a que la desparición de estas monedas haga «aumentar la inflación». Aún reduerdan los redondeos del 2002, cuando un producto que el 31 de diciembre del 2001 costaba 100 pesetas, pasó a tener un precio de un euro al día siguiente (una subida del 66%).
Pero a la vez, los ciudadanos les dan poco valor y las usan poco en los pagos corrientes. La combinación de un elevado porcentaje de pérdidas y el efecto psicológico -poco valor- dan lugar a una creciente demanda de estas monedas hasta suponer hoy la mitad de las piezas en circulación. Desde enero del 2002, los socios de la eurozona han emitido más de 45.000 millones de piezas de estas, a razón de 135 por habitante.




