Caen los ingresos de las ‘tragaperras’
10 julio, 2009Catalunya, publicada la Ley 11/2009, del 6 de julio, de regulación administrativa de los espectáculos públicos y actividades recreativas
12 julio, 2009Violetas fluorescentes, bacarrás propias de Babilonia, Venecias en miniatura, muslos de seda, buganvillas, discotecas fashion, ruletas, locales, o sea, Las Vegas. «Pues no crea, que en lo que llevamos de año mis ingresos han bajado un 42%», me explicó el taxista nada más salir el aeropuerto. Lo cierto es que la gran capital del juego atraviesa su peor racha. Con una caída de los beneficios cifrada en el 14%, se ha encomendado a las World Series of Poker (Series Mundiales de Póquer), en adelante WSP, que se celebran en el Casino Rio del 26 de mayo al 15 de julio, para remontar la corriente salvaje de la crisis.
Creadas hace 39 años por algunos profesionales, las WSP han multiplicado su poder de convocatoria, especialmente desde que la firma de póquer online Everest Poker las patrocina. Como explicó Jeffrey Pollack, director de las WSP, y antiguo ejecutivo de Nascar y la NBA, «Nuestro objetivo es conseguir que la final del Torneo Principal, que se celebrará en noviembre y tendrá nueve participantes, se convierta en un acontecimiento televisivo de primer orden». Desde luego, las cifras televisivas del último ejercicio, con más de dos millones de telespectadores, lo sitúan todavía muy lejos de las manejadas por el baloncesto o el fútbol americano, pero suponen un gran acontecimiento teniendo en cuenta que este juego era considerado, hasta antes de ayer, pasto de leyendas y películas noir, frecuentado por ludópatas.
Una imagen que estas WSP rompen al presentar a jugadores tan jóvenes y normales como los españoles Pablo Ubierna, estudiante de arquitectura técnica, o María May Maceiras, joven publicista que abandonó su trabajó para ganar dos campeonatos nacionales.
Tomando como base las cifras de 2008 de las WSP, hubo 58.720 participantes, repartidos en los 57 torneos. El monto de premios a repartir fue de 180.774.427 dólares. De momento, este año el ganador de H.O.R.S.E -necesita para entrar una apuesta de 50.000 dólares, la más alta-, fue David Bach, quien se embolsó 1.276.806 dólares, aunque por debajo de los 1.989.120 dólares que levantó Scotty Nguyen en 2008.
Desconocemos quién ganará en otoño el torneo principal, el que otorga el brazalete de oro y diamantes más codiciado. El pasado año Peter Eastgate se embolsó 9.152.416 dólares, y este año se han batido todos los records, con una participación de 12.000 jugadores en cuatro días. La cantidad para entrar en el Texas Hold’em del torneo principal es de 10.000 dólares. De los otros 55 torneos, que representan casi todas las variantes conocidas y que suman casi 60.000 participantes, el que menos ha ganado es Andrew Cohen, en el campeonato para los empleados del Casino, con una bolsa de 83.833 dólares, mientras que Vitaly Lunkin se embolsaba 1.891.012 dólares en la categoría de No-Limit Holden, Steve Sung 771.338, Travis Johnson 666.853, Anthony Harb 569.254 y Mike Eise 639.331, por citar algunos suntuosos ejemplos.
Pero al póquer hace tiempo que Las Vegas se le ha quedado pequeña. Everest Poker, patrocinadora del torneo, ejerce como una de las salas principales a nivel mundial para jugar desde el ordenador. Es propiedad de Everest Gaming, «una veterana empresa de apuestas online que lleva 12 años operando en el mercado con plena licencia en Europa por la jurisdicción de Malta».
Descontado el jugoso hecho de izar bandera en una isla famosa por sus mimos para los inversores, que incluyen a buena parte de los petroleros que brean los océanos del mundo, se trata del cuarto operador por volumen de negocio y, según informa en sus dossieres, el 60% del dinero que circula en las partidas proviene del sur de Europa. Resulta interesante saber que, en España, un 30% de los jugadores online tiene entre 18 y 24 años, y un 27% entre 25 y 34, o que el 44% son mujeres, desmontando el tópico que hacía del juego un deporte de machos.
Nadie simboliza mejor este salto que la propia May. Bicampeona de España, devora libros de psicología, considera que el póquer es un deporte y, como tal, sólo ofrece ventajas a quienes lo juegan con frialdad. Ubierna, por su lado, juega hasta 50.000 manos en internet al mes. Para ello, maneja con destreza los conocimientos estadísticos necesarios: descontado el factor visual, las partidas online requieren profundizar en las matemáticas de los naipes, incluyendo entre sus armas programas informáticos que permiten estudiar la evolución de miles de partidas.
En este sentido, el póquer avanza quizá en la dirección del ajedrez, y no resulta casual que numerosos portentos del tablero abandonasen las piezas de marfil para envidar de madrugada. Eso sí, a diferencia de los peones, por mucho teorema de Bayes y muchas investigaciones que dirija Jonathan Schaeffer en la Universidad de Alberta, por mucho que el perfil del jugador haya cambiado, la diosa Fortuna sigue acodada en el timón del barco, sobre el tapete verde, deleitándose en la marejada de dulce adrenalina.
LAS CIFRAS
64,43 millones de dólares es la cantidad que se repartió en premios en el torneo principal de 2008. Cada participante tiene que entrar a jugar con un mínimo de 10.000 dolares.
60.000 jugadores se espera que participen en los 60 torneos clasificatorios para la gran final del otoño próximo, que otorga el brazalete de oro y diamantes más codiciado.
40.000 dólares se exigirán para participar en el torneo Especial 40 aniversario de la WSP, y que se espera obtenga una audiencia récord. Servirá como antesala de la final del próximo 10 de noviembre.
La diosa del casino
El afane fue cosa de fulanos turbios, embozados de noche, pero es tal la metamorfosis del póquer que una de sus diosas, hoy, es también musa de Woody Allen. Nos referimos a Jennifer Tilly, 49 años, nominada a un Óscar por su participación en ‘Balas sobre Broadway’, que ha trabajado con los genios de Pixar (‘Monsters, Inc’.) y que en 2005 ganó uno de los brazaletes de las WPS. La actriz de ‘Los Fabulosos Baker Boys’ epitomiza como nadie la metamorfosis del casino, al que antes los famosos acudían de promoción, o escondidos para evitar los ‘flashes’.




