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Se trata de una máquina expendedora como otra cualquiera de las más de cinco millones que existen hoy en Japón. Su particularidad es que expide oro. Desde el pasado lunes diecisiete de enero, los japoneses pueden hacer sus pequeñas inversiones en el dorado metal comprándolo en una máquina expendedora, como quien recoge una bebida refrescante o un helado.
Makishi Rokugawa, responsables de la firma Space International que ha instalado el primero de estos aparatos en el centro de Tokio, justifica esta iniciativa «porque los inversores japoneses buscan un valor seguro, quieren invertir en algo real». La afirmación de Rokugawa no es baladí. El panorama de la ya actual tercera potencia económica mundial -China la superó en el 2010- confirma el pesimismo de la sociedad nipona.
El índice de confianza de los consumidores prosiguió el pasado diciembre su tendencia descendente desde hace meses, según los datos del Banco de Japón. No es para menos, la economía no acaba de arrancar. La deflación lleva instalada en el país veintiún meses, los salarios se han ido ajustando a la baja desde 1990 y el mercado de valores se encuentra todavía un 40% por debajo del valor alcanzado en diciembre de 1989. Mientras, el número de desempleados supera los tres millones de personas, en torno al 5% de la población activa; una cifra que, en un país como Japón, acostumbrado a porcentajes de paro muy pequeños, es preocupante.
A la luz de este panorama, cobra sentido la afirmación de Rokugawa, cuando en la rueda de prensa de la pasada semana en Tokio afirmó que «los japoneses de a pie necesitan una vía para invertir en algo concreto, que se pueda tocar». Ese algo son las monedas y los lingotes de oro que ofrece la nueva máquina expendedora que ha instalado en la capital japonesa la empresa Space Internacional.
Este aparato propone adquirir a los consumidores/inversores piezas de oro que van desde uno a 31,1 gramos de oro (una onza). Cada moneda o lingote lleva consigo un certificado de garantía que especifica el peso y la pureza del oro adquirido, cuyo precio se fija en función de su valor en el mercado. El valor de la pieza se actualiza diariamente de acuerdo con el valor del mercado, según indicó Rokugawa. Aunque el principal producto que se ofrece es el oro, la máquina expendedora también distribuye monedas de plata, con un peso que va desde los 15,5 hasta los 62,2 gramos (dos onzas).
Por el momento, los inversores japoneses sólo disponen de una máquina de este tipo, instalada en el vestíbulo del céntrico edificio donde se encuentran las oficinas de Space International. Un segundo aparato se ubicará en el exclusivo hotel Imperial de la capital japonesa. Makishi Rokugawa anunció asimismo, que contempla ampliar la oferta con platino y otros metales preciosos a medida que se consolide la demanda. También que planea expandir su oferta por todo el archipiélago japonés y entrar en el mercado de Hong Kong.
Está convencido de que su propuesta de máquina expendedora se consolidará en el mercado nipón. Las máquinas distribuidoras son un elemento habitual en el paisaje urbano japonés desde su aparición cuarenta años atrás y faltaba cubrir este nicho de ofrecer un valor refugio en tiempos de crisis a los inversores nipones. Actualmente, los japoneses pueden encontrar en este tipo de aparatos todo tipo de artículos, desde tabaco y bebidas refrescantes, hasta comida precocinada, flores o complementos de moda. La cifra de ventas a través de estas máquinas superó los 45.000 millones de euros en el 2009, según la Asociación de Fabricantes de Máquinas de Vending de Japón.




