El juego online pide seguir en el mercado hasta tener licencia
24 marzo, 2011La nueva Loterías nace con un capital social inicial de 12.500 millones
29 marzo, 2011El pequeño país del Pirineo tiene una norma mínima sobre consumo de tabaco.La disolución del Parlamento paraliza una iniciativa para endurecer la ley.
Hay momentos en que uno se da cuenta, así, de repente, de lo efímera que es la memoria. En especial la olfativa. Fue entrar en un restaurante, hace unos días, en Andorra la Vella, para caer en la cuenta de cómo estaban las cosas hasta hace bien poco en España. En tres meses, el recuerdo del humo entre los aromas de un buen asado se había desvanecido. Ajenos a las restricciones de los vecinos y a las recomendaciones de la Unión Europea, en Andorra sigue habiendo cigarrillos ante el café, cigarrillos en las comidas de negocios, cigarrillos incluso dentro de tiendas y oficinas. Las leyes antitabaco no han llegado al pequeño país del Pirineo, el último reducto del fumador en la Europa occidental.
La legislación andorrana, aprobada en 1991 y revisada en el 2004, «prohíbe fumar y sostener tabaco» en hospitales, escuelas y guarderías, transportes públicos y oficinas de atención al público, indican fuentes del Ministerio de Salud, Binestar y Trabajo. El veto afecta también a lugares donde trabajen embarazadas, a centros de atención social destinados a menores de 18 años y a grandes locales comerciales, agregan.
Eso sí, «la prohibición de fumar referida a los espacios anteriormente mencionados no se aplica a las zonas que el titular habilite para fumar», indican las mismas fuentes.
«Fumo por ser andorrano»
Lo del tabaco en Andorra va más allá de las leyes, aseguran los fumadores, que hacen gala de su condición. Para muchos es un signo de identidad del país. Es también uno de los primeros motores de riqueza, anterior incluso al auge del esquí. «Sí, fumo, por supuesto que fumo. Soy andorrano», clama un veterano mientras apura su pitillo en El Racó de Can Josep, uno de los muchos establecimientos que sirven comidas caseras en la capital del principado. En torno a la mesa, donde reposan tazas de café vacías y un cenicero rebosante de colillas, los parroquianos discuten sobre las bonanzas e inconvenientes de las leyes antitabaco. Los argumentos no son muy distintos a los que se escucharon hace unos meses en España, cuando entró en vigor la legislación actual.
De hecho, el debate lleva días muy vivo en Andorra. La precipitada disolución del Consejo General (el jefe del Gobierno, Jaume Bartomeu, tuvo que dimitir en febrero ante la imposibilidad de aprobar los presupuestos del 2010 y el 2011) ha dejado a medias una iniciativa legislativa popular para endurecer las leyes reguladoras del tabaco. La petición, promovida por una periodista local y que ya había sido presentada ante la Cámara parlamentaria con las preceptivas firmas de apoyo (al menos el 5% del electorado), ha quedado en suspenso.
Aumento de precio
Antes de renunciar y convocar elecciones para el 3 de abril, Bartomeu sí tuvo tiempo de aprobar un aumento del precio del tabaco en 0,29 euros por paquete, «que recorta el diferencial de precio respecto a los estados vecinos», indica el ministerio andorrano de Economia y Finanzas. La subida será efectiva el 31 de mayo.
«El único partido político que, en su programa electoral, incluye medidas para limitar los lugares de consumo de tabaco es el socialdemócrata. Y si no obtiene mayoría absoluta en los comicios será muy difícil que pueda aplicarlas, porque el resto de fuerzas son contrarias», augura Quim Varela, concejal en el Comú (gobierno local) de Andorra la Vella.
Pero no todo el mundo piensa igual. La opinión pública ya empieza a exigir una regulación más estricta y cree que la equiparación de Andorra con los países vecinos no tardará ya mucho tiempo. Y ya puestos, una buena mayoría prefiere que «si se ha de copiar a alguien, sea a Francia, que es menos restrictiva que España», apuntan algunos.
TESTIMONIOS Anna trabaja en una de las mayores fincas productoras de tabaco de Andorra, donde la semana que viene los agricultores llevarán sus cosechas para ponerlas a disposición de las manufactureras locales. Quim Varela, historiador y fumador, cuenta que «Existe una canción popular en el Pirineo, Els Músics de Puigcerdà se llama, en la que, en casi cada estrofa, se hace mención a la tradición tabaquera de Andorra». El sus compañeros de desayuno no tienen reparor en reconocer que «ténticos adictos al cigarrillo». «Y no solo los somos nosotros; el tabaco, en Andorra, es un auténtico patrimonio del país», alega.
Finalmente, Mari es una dependienta que apura su cigarrillo junto a la caja registradora, mientras Jayapraiscash, su jefe, atiende a un grupo de clientes. El no tiene inconveniente en que empleados y compradores fumen dentro del establecimiento. «En definitiva, nosotros vendemos tabaco, ¿no? Sería contradictorio si se lo prohibiéramos», aduce, tras acompañar hasta la puerta a los visitantes a los que estaba despachando.




