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La ONCE vende un juego blando, puro, sin mácula. Un juego que no genere la menor adicción, se comercializa de manera muy responsable y ejerce una gran labor social. Conviene marcar diferencias porque no todos los juegos son así ni mucho menos. Los juegos privados sí provocan graves problemas, son tóxicos y tientan a los niños porque hay casas de apuestas pegadas a los colegios.
Este es, en síntesis, el mensaje que el presidente de la ONCE, Miguel Carballeda, trasladó al ministro de Consumo, Alberto Garzón, durante la reunión mantenida con el titular del departamento. Las palabras del representante de la Organización Nacional de Ciegos son una antología de la desvergüenza, de la insidia más pérfida y asquerosa al tiempo que carecen del más elemental sentido de la objetividad. Cabe entender que defienda su parcela y glorifique su producto, sobre el que hay mucho que hablar y denunciar, pero no que aproveche la oportunidad para atacar con dureza al juego privado y lanzar aseveraciones tan maléficas, y falsas, como las de llenar “las ciudades de casas de apuestas pegaditas a los colegios”. Aquí se retrata la catadura moral del capo de la ONCE.
Basta ya de lavar la cara de la ONCE, que en modo alguno está bendecida pero sí protegida en exceso. Que está en las puertas de los supermercados, de las clínicas y donde se tercie. Que se mete en los bares, restaurantes y gasolineras. Que incita con sus rascas millonarios, sus viajes, sus cuponazos y sus alardes publicitarios que nos machacan de continuo. ¿Y no se desprende ningún síntoma adictivo de tanta y tan persistente invitación a jugar?
Para rematar la faena la ONCE celebrará el próximo Día Internacional del Juego Responsable con la leyenda de “no todos los juegos son iguales”. Por descontado que no. No todos pueden gozar de su manga ancha, de su oscurantismo respecto a ventas y premios, de sus negocios más allá del cupón, que en su día fueron materia de escándalo y denuncias, y de su invasión de los espacios públicos. Y como éste cúmulo de prebendas no les resulta suficiente aprovechan la oportunidad para autobendecirse y echar basura al juego privado. La jeta de éstos tíos, con Carballeda en cabeza, es de cemento armado.





