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Los efectos del confinamiento y las restricciones a la movilidad asfixian a los sectores de la hostelería, restauración y ocio, que ya denotan una grave falta de liquidez para afrontar sus deudas. Según los últimos datos del Banco de España, solamente el sector de la hostelería ha incrementado hasta un 16,2% la morosidad en el segundo trimestre del año, golpeado por la pandemia, frente al primero. Concretamente, este ramo de actividad sumó más de 1.800 millones de euros en créditos dudosos, frente a los 1.550 millones de tres meses antes.
El organismo supervisor alertó ayer, a través de su informe sobre la Evolución reciente de la financiación y del crédito bancario al sector privado no financiero que en el conjunto de la actividad de hostelería, más restauración y ocio, la morosidad crediticia escaló más de un 14% tan solo en el mes de junio, frente al mismo periodo de un año antes.
Son los sectores más afectados por la crisis, junto con el transporte y almacenamiento. Sin embargo, en este último segmento el incremento de la morosidad es menos preocupante, con un crecimiento en junio de apenas el 1% respecto al mismo mes de 2019. La evolución de la hostelería y el ocio preocupa, especialmente cuando el sector, un año antes, tenía una tendencia de mora descendiente, con una reducción superior al 11%.
El organismo va más allá y advierte que la morosidad crecerá en más ámbitos, tanto en empresas como en hogares, una vez acaben los programas puestos en marcha al inicio de la pandemia para paliar la caída de la economía. Concretamente, prevé un mayor incremento de los créditos dudosos en las pymes una vez finalicen los programas de avales públicos a través del ICO y tengan que amortizar la deuda, pero también apunta a una mayor mora de los hogares una vez acabe el plazo de las moratorias tanto hipotecarias como de préstamos al consumo a las que se han acogido.
Ampliar los estímulos
Concretamente, el supervisor señala que si no se introducen nuevas medidas mitigantes, “se producirá una concentración de los impagos en el momento en el que venzan las moratorias en el caso de los hogares, y cuando finalice el plazo de carencia de los avales en el caso de los empresarios individuales y de las sociedades”.
Desde el sector financiero ya apuntan que el grueso de la morosidad se comenzará a reflejar en los balances en el primer trimestre del año a medida que finalice el aplazamiento de pago de los préstamos, y ante el aumento del desempleo.
Cabe recordar, que el Banco de España ya alertó la semana pasada que la economía nacional no se recuperará de la pandemia hasta 2023. Por ello, pidió al Gobierno que no retire los estímulos, como los Ertes, sino que analice ampliarlos a los sectores y empresas más afectados hasta el fin de la crisis, siempre y cuando se pueda garantizar la viabilidad de la compañía.
Asimismo, también abrió la puerta a ampliar los programas de avales ICO. No obstante, el supervisor es consciente de que aún no se ha utilizado toda la cuantía de los avales. El Ejecutivo puso sobre la mesa 100.000 millones de euros, de los que, a cierre de junio, se habían dado 66.850 millones. Además, el Gobierno aprobó a inicios de verano otros 40.000 millones para financiar a empresas que tuvieran planes de realizar inversiones. Pero el supervisor avisa, estos avales solo cubrirán el 75% de la demanda de liquidez de las compañías españolas, por ello instó al Ejecutivo a plantearse ampliarlos en función de la evolución de la economía.
Según el informe del Banco de España, el incremento del crédito a las empresas durante el segundo trimestre del año es el mayor registrado desde 2008, año previo al inicio de la última crisis económica. Concretamente, la financiación creció un 8,1% en junio, en términos interanuales.
El supervisor reconoce que el incremento del crédito concedido y las moratorias desvirtúan los datos de morosidad de la banca en el 4,72% a cierre de julio. A mayor saldo vivo, menor porcentaje. A lo que habría que sumar los 45.000 millones de euros en crédito que permanecen adormecidos por los efectos de las moratorias, casi el 7% de la cartera crediticia del sector financiero.
En el lado contrario, la pandemia hundió la financiación a los hogares. El saldo de crédito concedido a las familias pasó a contraerse a un ritmo interanual del 0,8% en junio, frente al avance del 0,3% de febrero, mes precrisis. Esto fue resultado de la mayor tasa de retroceso del crédito para la compra de vivienda (caída del 1,9% en junio, 0,9 puntos porcentuales más intensa que en febrero) y de la fuerte desaceleración del crédito para consumo (que apenas avanzaba un 0,3% interanual en junio, lo que supone 7,8 puntos porcentuales menos que cuatro meses antes).
Durante el mes de junio, tanto la expansión del crédito a las empresas a través de los avales como la reducción de la financiación a los hogares por el confinamiento y el deterioro de la economía “han tendido a moderarse de forma significativa, de modo que los volúmenes de las operaciones se encontraban más próximos a los niveles previos al estallido de la pandemia”. La última información de julio revela que se han revertido las tendencias con caídas de los volúmenes de los préstamos a las empresas y repuntes en los hogares, especialmente en hipotecas.




