Codere, en la cuerda floja: la junta rechaza ampliar capital
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Codere está cada día un poco más cerca del precipicio. Después de que la junta de accionistas rechazara el pasado miércoles una ampliación de capital de 5 millones de euros y de que la empresa se viera obligada a aplazar el pago del cupón de sus bonos emitidos en dólares, previsto para hoy, el gigante del juego controlado por la familia Martínez Sampedro está bordeando la quiebra y se enfrenta, además, a la posible pérdida de gran parte de su negocio. Codere lo admite ya en el informe de gestión de las cuentas correspondientes al pasado ejercicio, que tuvo que reformular después de haber detectado errores contables.
Pricewatherhouse, la firma que se ha encargado de auditar esos estados financieros, alerta en su último informe que su situación pende de un hilo, algo que la propia compañía reconoce. «Los Administradores consideran que existe una incertidumbre significativa sobre la capacidad del Grupo para continuar con sus operaciones si las iniciativas de refinanciación indicadas no llegaran a buen fin», asegura la empresa en el informe mencionado.
La empresa tiene patrimonio neto negativo atribuido a los propietarios de la dominante de 14,7 millones de euros, lo que supone una reducción de 130,3 millones respecto al ejercicio anterior. Según la compañía, «esta disminución se debe principalmente al resultado negativo del ejercicio (…) de 146,9 millones», que a pesar de todo se ha visto compensado con la variación favorable de las diferencias de conversión de 20,4 millones.
El fondo de maniobra (diferencia entre el activo y el pasivo exigible a corto plazo) arroja también un saldo negativo de 161,3 millones, y aunque la empresa asegura que eso es algo normal en su sector, lo cierto es que la cifra ha aumentado un 77 por ciento en tan sólo un año y, por si fuera poco, «la generación de caja en el ejercicio 2013 ha estado significativamente por debajo de lo previsto».
30 días de margenPese a todo ello, el principal problema en este momento es el pago del cupón. Codere tiene bonos emitidos por un importe total de 985 millones de euros y, según la propia compañía, «el incumplimiento en más de 30 días de la obligación de pago de cupones supondría un evento de default que transformaría en exigibles en su totalidad los bonos emitidos por el grupo». La cuestión es que cómo no ha podido atender el vencimiento previsto para ayer, se abren a partir de ahora distintas posibilidades sobre la mesa. Tenía que haber abonado 42 millones en intereses a los tenedores de una emisión en dólares por importe de 300 millones lanzada a través de una filial afincada en Luxemburgo.
Su futuro depende del resultado de la negociación mantenida con estos inversores. Éstos, pasados los 30 días de gracia, pueden exigirle la recompra de toda la deuda, algo que se presume imposible teniendo en cuenta que no ha podido ni afrontar los intereses de la misma. Pero estos instrumentos están garantizados en primera instancia con un contrato de crédito con la matriz, y en segundo término, con la pignoración de acciones de distintas franquicias, entre ellas la española y la internacional.
Es decir, que en caso de incumplimiento de sus obligaciones, los bonistas podrán quedarse con gran parte del negocio de la compañía a cambio de la deuda. Este sistema de protección es muy utilizado por las entidades bancarias en sus préstamos. En los últimos años, como consecuencia de la crisis, muchas entidades se han visto obligadas a ceder acciones en compañías dependientes a los bancos ante las insolvencias.
Venta de activos, una opciónLa cesión de parte del negocio sería un camino intermedio y resolvería a corto plazo los problemas de liquidez que afronta Codere. La vía más dramática sería la suspensión de pagos, que conllevaría una reestructuración profunda.
Otra de las opciones que no se descarta es la posible modificación sustancial del contrato con los bonistas -cláusulas y condiciones cambiarían a favor de los segundos-, pero que serviría para aliviar la situación por la que atraviesa. También explora la capacidad de vender, antes de llegar a un estado límite, activos y líneas de negocio.
En la hoja de ruta diseñada para salvar este delicado momento se encuentra la obtención de financiación adicional por parte de ciertos proveedores de máquinas recreativas. La firma controlada por familia Sampedro ha contratado un asesor externo para explorar todas las alternativas posibles para encarar su futuro de la mejor forma posible. Se trata de Perella Weinberg Partners




