León, La crisis incrementa la clientela de los juegos de azar un 24%, no los ingresos
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11 abril, 2009Hay tradiciones que resisten a los tiempos, aunque tengan que ver con la apuesta y el dinero y los tiempos que corren sean adversos. Como las chapas, que sortean la crisis, ya sea por la afición que existe, ya por la esperanza de un golpe de fortuna que resuelva deudas y problemas de falta de liquidez. Así lo creen los hosteleros de la provincia que han solicitado autorización a la Junta para organizar los ‘corros’ y que este año verán crecer su número, desde los 31 del 2007 hasta los 37 que se formarán durante tres jornadas de la Semana Santa (el jueves, viernes y sábado).
El juego de las chapas, que año tras año atrae a un amplia cantidad de aficionados, constituye una de las costumbres típicas de la Semana de Pasión en la capital palentina y en localidades como Saldaña, Dueñas, Aguilar, Alar, Herrera, Osorno, Lantadilla, Santibáñez, Cervera y Venta de Baños, entre las más conocidas. Saldaña, con seis, y Dueñas y Herrera, con cuatro, son los municipios con más locales con autorización, seguidos de Aguilar y Alar del Rey, con tres cada uno.
En la práctica totalidad de los destinos autorizados, el juego se mantendrá en locales cerrados, con la excepción de Dueñas, donde el juego se alternará en bares y en la calle Barbacana, en la que se formará el único corrillo al aire libre de toda la provincia.
Con la entrada en vigor del primer reglamento que regula el juego de las chapas, la Junta estableció la obligación de que todos los locales que deseen organizar este juego tengan que solicitar previamente una autorización. La normativa establece que sólo se podrá jugar el jueves, viernes y sábado de la Semana Santa. Sin embargo, recoge una excepción para las localidades en las que se haya venido celebrando de manera tradicional. Si se juega en la calle, sólo se podrá hacer durante las horas de luz -y el corro debe estar alejado a más de cien metros de un centro educativo-, y si es en un local cerrado, durante su horario de apertura al público permitido.
El juego consiste en apostar a caras o lises. La persona que dirige el corrillo, el baratero, es el encargado de casar las apuestas que se van realizando. Una vez cubiertas las apuestas -a caras o a lises- según se elija el anverso o el reverso de las dos monedas que se utilizan en este juego, las chapas se lanzan al aire, evitando que se salgan del corro de espectadores. Si el lanzador gana, sigue tirando doblando el dinero apostado, pero si pierde le tocará el turno al siguiente. Después, llegará la hora de saber cuánto se ha ganado o perdido.
La tradición de jugar en Semana Santa viene de como se supone que los soldados romanos se jugaron la túnica sagrada de Jesucristo a cara o cruz -la película ‘La túnica sagrada’ lo refleja en una de sus escenas-.




