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24 mayo, 2011Las máquinas han perdido la primera batalla del cupón. La caída continuada de ventas que sufre la Once desde 2000, agudizada por los últimos tres años de crisis económica, forzó a la organización de los ciegos a inventar nuevos juegos, también nuevos sistemas con los que acercarlos a sus clientes. Así, a los tradicionales cupones se sumaron los denominados juegos activos (SuperOnce y 7/39) y la lotería instantánea o Rascas. Y del ciego como vendedor exclusivo se pasó al TPV (un terminal de venta desarrollado con Telefónica), a internet y a distribuir los Rascas gracias a máquinas instaladas en estancos, gasolineras y quioscos de prensa.
Esta última modalidad, que la Once denomina «canal físico complementario», se implantó en toda España hace ahora un año. El objetivo consignado en el presupuesto de 2010 era ingresar con él 138 millones de euros, una pequeña parte de los 2.122 millones de ventas previstos para ese año.
Pero el resultado ha dejado bastante que desear. Según el informe de ventas de la Once correspondiente a ese ejercicio, estancos, quioscos y gasolineras sólo facturaron 26,34 millones de euros, el 19% de lo presupuestado.
La cifra supone el fracaso de la estrategia comercial que la organización de ciegos había elaborado para el año pasado, dos de cuyos «pilares» eran precisamente «el crecimiento de las ventas a través del canal físico complementario» y la consolidación de los juegos en internet. Por la Red tampoco ha prosperado la Once: pretendía vender hasta 3,28 millones de euros en 2010, pero apenas rozó la mitad, 1,6 millones.
Además, pese al nuevo canal de ventas, la lotería instantánea, el único juego que distribuyen estas máquinas, sólo creció un 25,96% el año pasado, cuando las previsiones le concedían un alza en las ventas de hasta el 59,43%. La incertidumbre económica no empuja a los ciudadanos a gastar dinero en juegos de azar, porque los de tipo activo de la Once sólo han aumentado la tercera parte de la cantidad prevista. Y lo mismo ocurre con los cupones tradicionales: en 2010 cayeron las ventas de todos ellos – hay cinco modelos–, excepto los de fin de semana.
Es la triste tónica que siguen también casinos, bingos y máquinas recreativas –las cantidades jugadas bajaron un 9,5%– y las Loterías del Estado –descendieron un 2%–, según el Informe del Juego en España de 2009, el último publicado por el Ministerio del Interior. La Once perdió un 5,7% ese año respecto al anterior.
Aunque un portavoz oficial niega que el recurso a los estancos y gasolineras «vaya mal» pese a las dificultades y lentitud de implantación, lo cierto es que la entidad ha decidido ampliar su radio de acción a los bares.
La Once ofrece al hostelero una comisión del 6%a cambio de instalar la máquina. «Es sólo una prueba piloto», asegura el portavoz, quien cifra en 8.000 el número de estos aparatos que está previsto tener instalados a finales de año.
El problema es que la iniciativa ha tropezado en algunas comunidades autónomas con los empresarios de las máquinas recreativas, que ven amenazado su negocio con la competencia inesperada de los Rascas.
De ahí que la Generalitat valenciana, por ejemplo, haya tenido que contestar a los requerimientos de la patronal de las tragaperras para recordar que los reglamentos autonómicos no incluyen la instalación de este tipo de aparatos en los establecimientos de hostelería. La Once asegura, en cambio, que sus máquinas son perfectamente legales. También recalca que los resultados de este ejercicio están «repuntando», tras la caída del 5,94% sufrida por las ventas en 2010, gracias a los Rascas y a los sorteos extraordinarios.
Aunque no sólo. Los otros tres «pilares» que soportan los últimos presupuestos de la Once –además de la venta en estancos y gasolineras– son el refuerzo de la productividad de sus vendedores, las medidas de ahorro y la contención del gasto en servicios sociales.
De hecho, la organización divide a su plantilla de 19.576 vendedores en cinco grupos, dependiendo de su rentabilidad. En el grupo 1, los menos productivos, había a 31 de diciembre de 2010 un total de 1.836 personas. Según CCOO, la Once, en cumplimiento de su apuesta por la productividad, practica una «política de exclusión de las personas ciegas», de forma que la plantilla se ha reducido en 2.600 vendedores durante los tres últimos años. El sindicato denuncia que se niegan contratos a invidentes que, como afiliados de la Once, tienen derecho a servirse de la venta del cupón para vivir.
Algunos de ellos han solicitado amparo al Consejo de Protectorado, que preside la ministra de Sanidad.
CCOO aduce que éste debería intervenir para defender a los afectados, no como trabajadores, sino como afiliados de la organización. Y recuerda que la Once, según la nueva Ley del Juego, está sometida a «un estricto control público» y recibirá del Estado 30,9 millones de euros hasta 2012.
Para el sindicato, tampoco es propio de la «inequívoca vocación social» reconocida por ley a la Once que ésta tenga como práctica habitual prorrogar ilegalmente durante más de los tres años establecidos los contratos junior de sus vendedores, que cobran el 70% de uno senior (975 euros brutos). Según la propia organización, los 1.200 junior le ahorraron en gastos de personal 3,2 millones de euros el año pasado.
Trabajadores un 2,6% menos productivos
El informe de ventas de 2010 admite una caída de la productividad media por jornada y trabajador del 2,6%. También cifra en 810 el número de vendedores con ingresos inferiores a los costes en más de 500 euros. Según CCOO, a estos empleados no rentables se les anima a jubilarse a los 52 años, como permite la ley en el caso de los discapacitados, o se les fuerza a vender en jornadas de siete días a la semana o se les parte la jornada diaria. También, dice el sindicato, se les amenaza con expedientes disciplinarios. Por el contrario, el portavoz de la Once niega que se pretenda eliminar a los ciegos como vendedores y destaca que sólo en 2010 se hicieron 753 contratos fijos.
Además, asegura que si el año pasado la Once ahorró un 6%, fue bajando el sueldo a los directivos hasta un 12% y cerrando agencias sólo en pequeñas localidades.




